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Vampire; Scarlet Blood by Karoline, Sekiria, Yamil is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 México License
Vampire; Scarlet Blood

Capitulo Uno. Renacer

5.12.2009

Una figura bañada por la luna se encontraba sentada en la fuente del jardín. Inmóvil, orgullosa y ofendida no puedo evitar que por el rabillo de su ojo se asomara una lagrima.

Se levantó impetuosa, arranco bruscamente las lágrimas sin derramar de sus ojos y camino erguida nuevamente hacia el salón de la mansión. Nadie iba a molestarla hoy, no se enojaría, no podrían arruinarle esta noche, su noche, era su cumpleaños numero veintitrés y nadie iba a impedir que lo disfrutara.

“Que hombre tan idiota; era su perdida después de todo, semejante estupidez y tan cobarde excusa…”
<<-No quiero lastimarte, es mejor que me vaya->>
Una sonrisa irónica se dibujo en su rostro y se detuvo antes de entrar al salón, se sentía tan tonta, ya estaba grande para estos dramas, rió, tratando de ocultar su molestia, le pareció divertida la actitud de aquel hombre que le había parecido tan atrayente, quizás lo había ahuyentado, hay hombres que no soportan la presión.
Sonrió mas ampliamente y entro nuevamente al salón lleno de invitados, mas radiante que nunca les dedicó una sonrisa y una disculpa a aquellos que habían notado su breve y repentina ausencia.

Mientras se reincorporaba a la fiesta, bebiendo y divirtiéndose, de pronto se sintió observada. Separó la copa de sus labios y busco por el salón aquella mirada que la hacía sentirse incómoda sin saber si quiera quien era. De pronto, lo vio ahí parado justo al otro lado del salón, llevaba ropas contemporáneas en lugar del disfraz victoriano que se suponía todos debían llevar con motivo de la fiesta.

El hombre cruzó el salón lentamente, caminando en dirección a donde ella estaba; se movía con la misma cadencia con la que lo hace un tigre que acecha a su presa, y era justo así como la mujer se sentía, una presa, acechada e indefensa.
Una vez que el hombre llego a su lado, tomo la mano de la joven y poso sus fríos labios sobre ella. El mismo tacto que los labios de…

-Muchas felicidades madmoiselle Gauthier, espero que este disfrutando de su fiesta tanto como lo hacen los vividores de sus invitados- en tono burlón una voz gruesa y aterciopelada salió de sus labios y Giséle no podía formar una frase coherente en su mente y decidió contestar con una sonrisa, lo mas relajada que pudo.

Había algo en el que la ponía increíblemente nerviosa, se sentía indefensa, y vulnerable. No atinaba a decir si eran sus bellos labios, su seductores ojos verdes o la extrema palidez de su rostro lo que la ponía tan nerviosa, febril al punto el desmayo.

-Me preguntaba si madmoiselle no se aburría aquí, no preferiría ¿ir a un lugar un tanto menos bullicioso?- mientras pasaba el brazo por la cintura de Giséle y una sonrisa picara y seductora se dibujaba en sus labios
-¿Tiene alguna idea monsieur…?-
-Tengo un obsequio muy especial para una mujer tan excepcional como lo es usted- mientras susurraba en su oído y las palabras llegaban a ella como caricias, señuelos a los que no podía negarse.
La arrastró fuera de la fiesta, la voz del hombre seguía arrullándola, sus ojos la hipnotizaban mientras sus manos la envolvían fuertemente.

En que momento salieron del salón y abandonaron la mansión, como habían llegado a donde sea que se encontrarán, ella lo desconocía por completo y la verdad no le interesaba, no le importaba nada más que estar entre los brazos de aquel hombre que la estrechaba y le susurraba palabras de amor, besos que la embriagaban y caricias que ella solo se había atrevido a soñar.
Mientras se deja llevar por el mar de sensaciones que ahora la agobiaban, sintió de pronto como algo perforaba dolorosamente su garganta, abrio desmesuradamente los ojos, tratando de librarse del abrazo y de los labios de aquel hombre que hasta hacia unos momento le había parecido casi angelical, sentía como la vida se le escapada a cada segundo, comenzaba a sentir demasiado frío a sentirse mareada. Ella lo empujaba y golpeaba con la poca fuerza que le quedaba, pero los brazos del hombre la tenían firmemente sujeta, como tenazas de hierro alrededor de su cuerpo

-¿Tienes miedo Giséle?-le dijo mientras tomaba su cara y besaba sus labios –No temas, te ofrezco un maravilloso regalo preciosa, no tienes por que morir, por que envejecer, vivirás esta noche, y por siempre, acepta Giséle-

Ella tenía miedo, mas miedo del que jamás hubiera sentido en su vida, no quería morir, no podía morir ahí, no así. El hombre acerco delicadamente el rostro de Giséle a su cuello,se produjo una herida con sus filosas uñas ofreciéndole la oportunidad de una nueva vida; y ella ya no tenía fuerzas para luchar, no tenía otra opción y a pesar de su miedo acepto la oferta y bebió la sangre que manaba de la herida de aquel hombre, el tibio liquido resbalaba por su sangre y escurría por su boca; comenzó a sentir que algo cambiaba, necesitaba beber mas, y mas, sentía una necesidad mortal de beber hasta vaciarlo. De pronto el la empujo bruscamente apartándola de su lado, y mientras tocaba la herida en su cuello se sentó a observar como ella se retorcía en la cama, muriendo presa del dolor y el nuevo mar de sensaciones la abrazaba, viendo como su cara y cuerpo cambiaban, como moría para volver a nacer.

Giséle solo alcanzó a escuchar una risa burlona y una voz que le decía :
-“Bienvenida chéri, feliz cumpleaños!”, ahora eres una criatura de la noche mon amour!- la risa y la voz se desvanecían mientras ella perdía la consciencia.


Tenìa una sensación extraña, sentía su cuerpo diferente, SENTIA diferente; no quería abrir los ojos aunque sabia que haciéndolo podría abandonar la terrible pesadilla que había tenido, había sido tan real, había tenido tanto miedo…era como si hubiera caído al vacío eternamente… una sed abrasadora la incomodaba, le reclamada ser calmada, debía abrir los ojos, era necesario llamar a la criada y pedirle algo de beber inmediatamente o se volvería loca.

Abrió lentamente los ojos, y se sobresalto al descubrir que esa no era su habitación, no conocía el lugar en el que se encontraba, ¿Cómo podía haber llegado ahí? Un molesto zumbido la empezó a molestar, era tan molesto, parecía que le estallaría los oídos si no lo callaba, con un rápido movimiento de su mano y sin ser ese su propósito consciente, atrapo lo que se encontraba volando en ele aire, abrió la mano con curiosidad y vio que había una mosca en ella; la había atrapado sin siquiera verla en medio de aquella penumbra, no sabía como lo había hecho, pero algo más la extrañaba.

Se levanto de la cama con un ágil movimiento y a pesar de la total oscuridad alcanzó a distinguir todos y cada uno de los objetos de la habitación tal cual si se encontrara a plena luz del sol. Tocó su rostro con sus manos, le parecían heladas, inhumanas, y al examinarlas pudo notarlas aún en la absoluta penumbra, su piel había adquirido una blancura y una palidez tal que parecía luminiscente, como si irradiara luz propia, estuvo mucho rato embelesada observando la palidez de su piel y el brillo extremo de sus uñas.

Miro a su alrededor estudiando cada detalle de la habitación, caminó al otro extremo del cuarto sin necesidad de esquivar la mesa ratona que estaba en medio del cuarto o de brincar la copa que estaba tirada en el suelo. A pesar de que no tenía necesidad alguna de hacerlo, accionó el interruptor de la luz y la encendió. Un sobresalto, todo se veía tan diferente, la luz le lastimaba los ojos, no la soportaba, pero tenía que verlo todo desde este punto de vista, miro nuevamente sus manos que ahora parecían resplandecer, como si absorbiera su piel la luz de la habitación y la reflejara por cada poro de su piel. No pudo soportar un momento más la luz, era como si le quemara la vista y la apagó inmediatamente.

La sed era realmente insoportable, caminó con desición hacia la puerta y una vez que tuvo la mano sobre la perilla, noto su total desnudez y recordó lo que había sucedido, no sabía exactamente cuanto tiempo había pasado, pero estaba segura de que esta era una nueva noche. La rabia se dibujo en su rostro, examinó nuevamente la habitación, no podía salir con el vestido que había llevado puesto, llamaría demasiado la atención, asi que se vistió con una camisa y unos viejos jeans que encontró tirados a un lado de la cama y salió de aquel cuarto.

Una luz débil y tintineante iluminaba el pasillo del viejo edificio, la pintura era opaca y caía a pedazos de la pared, el piso viejo y resquebrajado rechinaba bajo su peso. Todo esto representaba una enorme distracción ante los ojos de Giséle, lo que antes le podía haber parecido sució y repugnante, ahora le resultaba encantador e interesante de una manera extraña.

Mientras caminaba lentamente por aquel pasillo, pudo notar la presencia de personas detrás de aquellas podridas puertas, no sabía decir como pero sentía su presencia, las percibía en su mayoría, enojos, frustraciones, tristezas, no sabía que eran todas estas señales que llegaban a su cabeza, pero realmente la aturdían y la sed, esa áspera sensación en su garganta reclamaba ser atendida. Bajo de prisa las escaleras, mucho más rápido de lo que lo haría un ser humano normal, pero ella ya no era un ser humano ¿o si?
Al final de la escalera, casi en la puerta del edificio se topo con una anciana vagabunda, quizás vivía en el edificio, o tal vez estaba de paso, no importaba.
-Niña ¿estas bien? ¿te sucede algo? Niña contéstame!- pregunto la anciana con voz chillona.
Giséle apreció atentamente aquella voz, era como si pudiera verla, pero lo que mas le asombro era el olor que despedía aquella carne, debajo de la suciedad de sus ropas, podía percibir el olor de su sangre, la sentía latir en sus venas, y supo en ese instante que eso era lo que necesitaba para calmar aquella sed que la volvía loca.
La expresión de la joven debió cambiar a tal punto que la anciana hizo una mueca de terror, y Giséle adivinó su miedo, no solo en su cara, si no que pudo sentirlo. Sin darle tiempo a la vieja de gritar o emitir cualquier sonido se abalanzó sobre ella, retirando la raída bufanda con un rápido y brusco movimiento y clavó sus colmillos en aquella carne marchita. El primer chorro de sangre que golpeo su paladar fue como ambrosia, tan tibia, tan perfecta, no era para nada como la sangre que le había dado esta nueva condición, esta nueva vida. Abrazó a la anciana con tal fuerza que sintió como se quebraban sus costillas, bebió hasta el último latido de aquel viejo corazón y no quedo más.

Se despego de aquel cuerpo inerte, limpió y lamió el hilillo de sangre que había escurrido por la comisura de sus bellos labios mientras sentía como aquella tibia sangre recorría cada rincón de su cuerpo y como un delicioso calor la invadía. Miró sus manos y ya no se encontraban tan pálidas como antes, ahora tenían un color mas humano, mas normal. Rió divertida ante este nuevo descubrimiento, que reconfortante sensación proporcionaba aquel espeso liquido que había bajado por su garganta con tanta facilidad.

De pronto salió de sus pensamientos y reaccionó, miró aquel cuerpo sin vida tendido al ie de las escaleras, como el horror deformaba el rostro de la vieja, y Giséle se asustó, ella la había asesinado sin el mas leve dejo de piedad, le había arrancado la vida sin la mas mínima consideración. ¿Qué le estaba pasando?. Salió corriendo por la puerta dejando aquel cuerpo atrás y comenzó a vagar por las calles taciturna, asustada, no podía creer lo que había hecho, frotó su cara con desesperación y caminó sin rumbo fijo durante toda la noche.

Todo en aquellas pobres calles robaba su atención y la sacaban de su conmiseración, de la tortura que le aplicaba su moral de mortal, caminaba por una callejuela examinando a los roedores que por ahí pasaban cuando sintió un cambió en aquel aire y algo comenzó a escocer su piel, un calor abrasador totalmente insoportable. Estaba amaneciendo, no tenía idea de cómo lo sabía, lo único cierto es que algo le dijo que tenía que huir de aquella luz que la quemaba, tenía que buscar un refugio y ponerse a salvo. Corrió a una velocidad inhumana hasta el viejo edificio en el que había despertó y subió por las viejas escaleras de incendios, guiada únicamente por el instinto de supervivencia, entro a toda prisa y se encerró en el armario, el lugar que le había parecido el mas seguro. Entro en el y una terrible pesadez se apoderó de su cuerpo y sus ojos se cerraron dando paso a un inevitable sueño.

Una vez más la sed la despertó, Giséle salió del armario para encontrarse nuevamente con la penumbra. Había gente en el pasillo, lo podía sentir, así que decidió salir por las viejas escaleras de incendios, las bajo con una agilidad gatuna que la sorprendió y comenzó a vagar nuevamente por las calles, decidida a terminar con aquella molesta sed, ahora que conocía el remedio perfecto para acabarla…

Caminando por las calles, ponía todo su empeño en no dejarse distraer por cada cosa que veía, todo parecía tener vida propia bajo las débiles luces que iluminaban las callejuelas. Un hombre de mediana edad había sido la victima esta noche, un policía, con esposa e hijos seguramente. El pobre hombre se había acercado a la hermosa joven para preguntar por su bienestar, le parecía raro encontrar a una mujer tan bella en aquel lugar, y vestida en la manera en la que ahora lo hacía, el no suponía mas que lo peor. O pobre inocente hombrecillo, era su vida por la que debía haber temido, el instinto asesino se había apoderado de Giséle en cuanto había olido su sangre, ella pudo sentir las buenas intenciones del hombre, pero nada pudo hacer para evitarlo, era como si la sed la convirtiera en otra persona, no, no una persona, un monstruo. No podía beber más, no iba a matar a este hombre y se apartó rápidamente de su cuello. Demasiado tarde, lo había matado sin haberse dado cuenta. Lagrimas rojas comenzaron a correr por aquel bello rostro y un grito de dolor desgarro la noche.

Pasó las siguientes noches recorriendo las calles, asustada de si misma, evitando los lugares concurridos y luchando contra la necesidad de sangre que se apoderaba de ella. Se había rehusado abandonar el viejo edificio, se encontraba poco habitado y siempre podía salir por la ventana para evitar encontrarse con algún inquilino. No quería regresar a la vieja mansión de Lyon, tenía miedo de que pudieran darse cuenta en el monstruo que se había convertido, tenía miedo de no poder controlarse y acabar con todos a su alrededor.

¿Cuánto tiempo había pasado ya? ¿una semana? ¿Un mes? ¿Qué era el tiempo para un ser que tiene la eternidad por delante? Giséle apenas si acaba de comprender la esencia de su nueva naturaleza, pero se rehusaba a aceptarla, nunca había tenido mucha consideración por sus semejantes, por lo que pudieran pensar o desear, siempre había vivido por ella y para ella sin mayor consideración por los otros, pero una cosa era ser egoísta y otra muy diferente era acabar con la vida de aquellos seres. Pasaba noches enteras en ayuno, negada a acabar con otra vida, pero siempre existía una noche en la que el instinto podía más y se apoderaba de ella, la amargura y el arrepentimiento siempre venía después del éxtasis de la sangre.

Fue en una noche de ayuno en la que no podía mas que lo conoció. Vagaba ella por las calles como poseída, sumida en sus pensamientos, era cuando el hambre se apoderaba de ella que los recuerdos mas dolorosos de su vida llegaba a asaltar su mente cruelmente, era como si estos recuerdos fueran los vestigios de su humanidad, provocando a la bestia que ahora vivía en ella, provocándola, incitándola a salir; su instinto luchaba por dominar, luchaba por callar aquellas voces y recuerdos bajo un torrente de tibia sangre, sangre que lavaba los recuerdos y las angustias y solo le dejaba el bienestar y la paz.

Tan absorta estaba en sus propias encrucijadas que no se dio cuenta, o simplemente no le dio importancia, a los dos hombres que la seguían desde hacia 3 calles. Justo cuando doblaba para entrar a un callejón, lo hombres se le adelantaron y la acorralaron.
-Mira Orase pero que delicia! Creo que estamos de suerte esta noche, dime hermosura ¿te quieres divertir un rato?- El aliento de los hombres apestaba a alcohol barato.
Malditos rufianes, uno se encontraba detrás de ella sujetando sus brazos fuertemente mientras el otro hombre, el que había hablado, pasaba su lengua por sus labios y la amenazaba con una navaja puesta en el cuello blanco de la victima. Giséle podía matarlos a ambos antes de que alcanzaran a reaccionar, siquiera a parpadear, pero no había bebido en días y trataba de luchar contra su instinto asesino. No se movió ni emitió ruido alguno, ojala la matarán, ojala muriera en ese preciso instante. En este punto no existía algo que ella deseara más que morir, y se preguntaba cuanto tardarían aquellos hombres en acabar con ella.
El hombre de la navaja se acerco mas a ella, Gisele podía saborear su alcohólico aliento, la asqueaba, cuando el hombre intento besarla ella hizo un brusco movimiento, provocando que la navaja hiciera un pequeño corte en su cuello. No fue el dolor del corte si no el olor de su propia sangre y el grito de enojo del hombre lo que la hizo reaccionar. Se libero ágilmente del hombre que la tenia aprisionada y se abalanzó sobre el hombre de la navaja, y se pego a su cuello, perforándolo con sus colmillos, el cómplice horrorizado por la escena, tomo su navaja y se lanzo hacia Gisele, pero ella lo escucho venir y dejo a su victima en el suelo, volteo con un movimiento demasiado rápido para que el ladronzuelo pudiera verlo y le rompió el cuello y comenzó alimentarse de este hombre mientras dejaba a su compinche en el suelo, desangrándose.

Que delicia era sentir como absorbía la vida de aquel miserable con cada sorbo de su sangre. La calidez y la sensación de bienestar se iba apoderando de ella mientras seguía bebiendo ávidamente.

-Chèri, creo que esa no es manera para que se comporte mmm ¿una dama? Jajajaja, tal vez deberías parar en este momento, ya has tenido demasiado por una noche.- Una voz picara y dulce le hablo desde la penumbra.

Giséle despego su boca del cuello de su victima y miró intensamente a la oscuridad, lo podía sentir, podía sentir la presencia de alguien, pero, no era humano, no podía serlo.

Una figura comenzó a salir lentamente de las sombras para quedar de pie a escasos metros de la sangrienta escena. Era un hombre alto y rubio de ojos verdes, fieros y llenos de vida, su boca dibujaba una sonrisa un tanto burlona que combinaba a la perfección con la expresión cínica y juguetona de aquel hombre, su piel era tan pálida como la de Giséle e irradiaba la misma luminiscencia que la suya. Era como ella, tenía que serlo, y ella lo supo al instante, lo sintió desde el momento que lo había escuchado hablar, pero ahora lo podía confirmar con sus propios ojos.

Se levantó altiva, retirando el cabello de su rostro y parándose a un lado de sus presas.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres? Déjame tranquila! No eres nadie para hablarme asi! - gritó fieramente, no sabía por que pero la presencia de ese hombre la molestaba, no lo quería cerca de ella.¿Como se atrevía a hablarle de ese modo? ¿Es que acaso no sabía quien era ella?

-Jajajaja tranquila chéri no quiero hacerte daño, pero dudo que realmente seas capaz de cuidarte sola. Debo admitir que me preocupe un poco cuando estos desgraciados te atraparon, no es que pudieran hacerte daño pero, tu actitud me pareció perturbante querida, aunque quizás deberías aprender a ser un poco más discreta ¿no lo crees? Mira que armar tal alboroto y andar dejando cadáveres regados por doquier no es nada sutil chéri.- mientras sonreía nuevamente con sus bellos labios.- Y cambiar tu dieta tampoco sería mala idea. ¿ancianos, violadores y vagabundos? No, no, no ,no chéri estas cayendo demasiado bajo jajajajaja.

-No se de que me hablas, y mi vida no es asunto tuyo- Este tipo realmente la estaba molestando. “¿Quién demonios se sentía este patán?”

Otra risotada quebró el silencio de la noche, el hombre se encontraba realmente divertido ante aquella situación. –Dime querida ¿estas sola?-

Ella exploto y gritó -¡ No es de tu incumbencia! ¡ya te he dicho que me dejes tranquila!

-Vamos chéri tranquila, solo quiero ayudarte, se que te encuentras sola, si tu maestro estuviera contigo no te dejaría hacer semejante desastre solo por que si. Mira que matar a una anciana en el mismo lugar en el que vives… vaya descuido, y creo que necesitas trabajar en tu actitud, una “dama” de sociedad debería aprender a recibir la critica constructiva con mejor humor! Jajaja no te exaltes tanto mon amour, podrías morir por el enojo!- una risotada salió de la garganta del hombre.

La expresión de Giséle fue de una sorpresa tal que el hombre hecho a reír otra vez. La miro fijamente y ella lo miró furiosa, era un maldito patán y se estaba burlando de ella, pero aun así no podía evitar sentir curiosidad por el ¿Por qué sabía tanto sobre ella? Era evidente que la había estado siguiendo y que la conocía mas de lo que pudiera admitir.

-¿Cómo sabes todo eso? ¿Qué te da el derecho a hablarme asi? Eres un maldito arrogante!-

-jajajaja oh ahora si que me has hecho reír amor! ¿Arrogante , yo? Querida creo que nunca has tenido la desventura de tener que tratar contigo! Te hablo así, por que sabes que cada palabra que te he dicho es cierta! Sabes que tengo razón. Oh chéri, eres tan descuidada, cualquiera podría notar tu presencia! Eres tan obvia, incluso un simple mortal podría seguirte la pista; además una belleza como tu no se ve por aquí todos lo días, ¿o quizás debería decir noches?. Vamos querida Giséle, ven conmigo, yo puedo enseñarte cosas con las que apenas sueñas, te mostrare como sobrevivir, como vivir, dime ¿que quieres saber?
Ella lo miro confundida y con curiosidad ¿Por qué este hombre se interesaba tanto en ella? ¿De verdad tenía todas las respuestas a sus preguntas? Dudó un segundo y se acerco mas a el, ahora podía ver como sus ojos verdes tenían un aire gatuno, y su expresión era divertida.

-¿Por qué quieres ayudarme? ¿Qué ganas con eso? Ni siquiera se tu nombre y seamos honesto “chéri” nadie ayuda a nadie solo por su buena voluntad-

-Digamos que soy un filántropo y un maestro frustrado en busca de inocentes asesinas alas cuales rescatar, además chéri, eres hermosa, todo un regalo de la noche, aunque en este momento no lo parezcas mucho vestida así, aunque quizás podremos hacer algo al respecto ¿Qué me dices? ¿no te apetece que te enseñe algo de clase?-

- ¿Cómo te atrevés?- y levantó la mano en ademán de lanzarle una bofetada. El atractivo hombre detuvo su mano en el aire con una velocidad y facilidad asombrosa mientras reía burlonamente. Giséle sintió el terrible impulso de lanzarse sobre el y romperle el cuello, pero reaccionó y miró rápidamente sus ropas, todavía traía la vieja camisa y los jeans que había encontrado la primera noche en el departamento, solo que ahora se encontraban sucios y raídos, llenos de polvo y sangre seca. Se sentía tan avergonzada, se había olvidado completamente de su aspecto todo este tiempo, jamás se había visto tan deplorable como ahora; paso sus manos por su melena y miro al suelo avergonzada, de haber sido posible se hubiera ruborizado considerablemente. Este maldito se burlaba de su aspecto y ella no tenía cara para reprochárselo, realmente parecía una vulgar vagabunda.

-Vamos preciosa, el amanecer esta cerca y yo necesito una respuesta, y te advierto que por ningún motivo aceptare una negativa, sabes que me necesitas chéri, yo puedo ayudarte- La apresuró mientras le extendía la mano.- Giséle du Gauthier no tengo tu tiempo niña mimada, deja tu orgullo chéri, sin mi morirás antes de lo que te imaginas, o vivirás lo suficiente para convertirte en un vulgar animal callejero, que por lo visto, es un papel que interpretas a la perfección- una sonrisa cínica y terriblemente irresistible permaneció en su rostro mientras esperaba la respuesta de la neonata, por mucha resistencia que opusiera Giséle, ambos sabían que ella lo necesitaba, y el por alguna razón, también necesitaba de ella, mucho más de lo que dejaba ver entre sus altaneros comentarios.

Giséle la miró y dudó un ultimo segundo, sabía que el tenía razón, nunca había necesitado a nadie como en este momento, siempre había estado sola, y este parecía un llamado a una nueva oportunidad y no la dejaría pasar. Miró al hombre a los ojos y a pesar de lo que le dictaba su orgullo, tomó su mano.

Publicado por Anónimo en 22:39    

Etiquetas: Giséle. Caps

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