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Vampire; Scarlet Blood by Karoline, Sekiria, Yamil is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 México License
Vampire; Scarlet Blood

Giséle. du. Gauthier

5.01.2009

La joven se encuentra sentada dentro de una lujosa tina, llena de pétalos de rosas, rodeada de velas. Esta relajada, recordando, vagando en sus pensamientos. Se estira un poco a tomar una botella que contiene un líquido de un tono bermellón, un rojo profundo, y lo sirve en una delicada copa de cristal, se detiene a degustar su aroma y lleva la copa a sus sensuales labios.
Bebe nuevamente y disfruta de las delicias de haber nacido en una noche como esta, en el seno de una familia tan antigua e importante como lo son los perfumistas Gauthier.

Gisèle recordaba con un dejo de indiferencia su ya pasada infancia, en uno de aquellos cumpleaños, en los que los salones y jardines de la vieja mansión de Lyon se encontraban exquisitamente adornados y llenos de gente aristócrata a la cual no conocía, gente que se encontraba allí por ella, para festejarla en un día “tan feliz como este”. La niña caminaba con su hermoso vestido, asida firmemente a su bella muñeca, esperando, anhelando, rogando por ver a alguien, a quien con el tiempo, aprendería a no ver mas que como una figura ausente,una chequera abierta a sus caprichos.

Muchos otros cumpleaños pasaron cómo ese, hasta que el escenario de los grandes salones de Lyon cambió por el de las aulas de los más exclusivos y prestigiosos internados de Francia, aunque el sentimiento de soledad y abandono siempre fue el mismo.

El tiempo no había hecho mas que aumentar su belleza, la niña cambió su dulce cuerpo infantil, por el tentador cuerpo de una mujer en proceso de madurar, una joven hermosa e inocentemente seductora, ella era tanto admirada, como envidiada, y a la vista de la sociedad, la pequeña Gisèle Gauthier tenía todo lo que una chica pudiera desear.

Fue en una aburrida salida del internado al museo Louvre, que Gisele encontró algo que llamo su atención en una vida vacía llena de lujos. Por el contrario a lo que se pudiera pensar, ella admiraba el arte, admiraba la belleza de lo estático, las pinturas y las esculturas eran algo que habían brindado un poco de calor a su corta y solitaria vida, pero no fue eso lo que llamó su atención ese día.

No pudo ocultar su curiosidad, y alejándose del grupo de chicas en uniforme, se acerco a aquel joven, que por alguna razón había capturado su atención. El chico tenia hermosos ojos azules enmarcados en bellas y tupidas pestañas negras, el cabello de color avellana caía con una elegancia y rebeldía tan atrayente sobre su oreja y su frente, que no había manera de que esto fuera intencional.

Gisèle recordó en su delicada tina, como ese día el chico noto su presencia y volteo de pronto hacia donde ella se encontraba, que vergüenza había sentido al saberse descubierta; pero cuál no fue su sorpresa al ver que su nuevo objeto de admiración la miraba igualmente embelesado, disfrutando de la belleza de la inocente chica en uniforme.

Bebió nuevamente de su copa; “Claude” había dicho el, pero no recordaba cuándo dejaron de hablar de arte para comenzar a hablar de sus vidas. En que momento se habían vuelto cercanos, ¿cuándo habían acordado volverse a ver y cómo había hecho ella para escapar de vez en cuándo del internado? sobornando con falsas promesas de amor a alguno de los hijos de las cocineras de seguro.

Lo que si recordaba era esa sensación de calidez y seguridad en su pecho, por fin había encontrado a alguien que se preocupada por ella, alguien que la quería. Si se puede decir que en algún momento de su vida fue feliz, podría ser ese. En la noche de su catorceavo cumpleaños entre besos trémulos, caricias torpes y promesas de amor eterno se entrego al primer y único amor de su vida….

Mademoiselle Gauthier cerró firmemente los ojos, acarició levemente su cuello y continuó bebiendo…. Que ingenua había sido, que tonta al creer que alguien en verdad se preocupaba por ella. Que curioso que después de aquella noche en la que la chica le había entregado su inocencia al hombre al que amaba este hubiera desaparecido misteriosamente, la angustia al saber que sus cartas no eran contestadas, buscarlo sin éxito en los lugares que solían frecuentar…la joven se sentía morir. Un día en los paseos dominicales del internado el corazón de la niña dio un vuelco… la pelea, la escena, y el desengaño son imágenes confusas, solo retazos de una película, la cuál quisiera borrar de su mente, el duro despertar a una realidad de la que ella había creído escapar, el saberse usada, estaba sola, nadie la amaba y no había nadie a quien le importara…

Se levantó ferozmente de la tina, arrojando el agua y los pétalos al suelo, había soltado la copa, rompiéndose en pedazos. Se froto la cara con las manos mientras una melancólica e irónica risa se dibujaba en su bello rostro. Sacudió la cabeza tratando de deshacerse de esos recuerdos, había sido hace tanto tiempo, y no valía la pena recordarlo, gracias a ello, se había dado cuenta de la realidad: no existe nada mas que tu presente, nada mas que la belleza y el placer, nadie en quién confiar.

Salió de la tina, se envolvió en una bata de seda, y se dirigió a su habitación. Mientras escogía el vestido que usaría esa noche (algo definitivamente llamativo) evocaba el rumbo que había tomado su vida a partir de ese momento. La inocente Gisele murió esa tarde frente al café de París, cuando decidió que nadie volvería a jugar con ella, si alguien iba a jugar con la gente de ahora en adelante, sería ella.

Así se graduó de la preparatoria, con influencias de su padre, con favores que ella misma pagaba; pero no fue hasta que uno de sus tantos caprichos la llevo a estudiar en el Ècole des Beaux-Ars, donde aprendió a satisfacer no solo su amor al arte, si no también cada uno de sus deseos, los juegos inocentes habían acabado y ahora anhelaba mas. Los alumnos, los nuevos artistas y pintores fueron su nueva obsesión, un chico diferente por noche, algún maestro a quien sus encantos le fueron innegables, , no importaba quienes fueran, que hicieran, su vida ahora se regía por la búsqueda insaciable de placer y belleza, y realmente no le interesaba que tuviera que hacer para obtener lo que quería.

La belleza, el glamour y el placer se convirtieron en su estilo de vida, una ávida necesidad de satisfacer todos sus sentidos. Fiestas llenas de vino y champaña, música, baile, juegos de seducción que siempre terminaban entre las sabanas de seda de su habitación, Gisèle se había creado una nueva afición, coleccionar momentos, no historias, olvidaba los rostros y nombres, y se guardaba las sensaciones, el recuerdo placentero de los labios, las caricias, todo lo bello lo guardaba en su memoria….hasta que otro momento mejor llegara.

Mientras se enfundaba en su delicioso vestido de seda roja, recordó que fue en una de estas fiestas que sintió de pronto que alguien la observaba, intrigada, volteo y buscó entre la muchedumbre, hasta que de pronto lo vio ahí, en medio del salón, iluminado por una luz que parecía emanar de su cuerpo, este hombre exudaba seguridad, carisma, un aristócrata sin lugar a dudas. Ella no podía explicarse que le sucedía, ella era la que acostumbraba escoger a su victima, seducir a su nuevo juguete, pero con él era diferente. Se sentía desvalida, febril, increíblemente atraída por este hombre. Ella lo analizó más detenidamente y se dio cuenta que le resultaba extrañamente familiar. Cabello avellana, labios seductores, ojos fieros; le recordó súbitamente a Claude y viejos sentimientos se apoderaron de ella por un brevísimo momento, pero había algo diferente en el, sus ojos, aquellos ojos le resultaban hipnotizantes. El hombre caminó hacía ella, tal y cómo lo haría un tigre que acecha a su presa, preparándose para atacar.

Acercándose a ella de manera seductora, La sacó sutilmente de la fiesta, esquivando la muchedumbre de gente, Giséle se sentía como arrastrada por la marea, imposibilitada a resistírse. La arrastro hacia una habitación vacía. Giséle recordaba haberse sentido embriagada por lo besos y las caricias de aquel hombre que le parecía sobrenatural, esos ojos no podían ser humanos, era como si supiera exactamente lo que ella quería, como si no solo lo pudiera sentir su cuerpo si no también su alma y mente ,el lobo se había convertido en oveja y se encontraba perdida en un mar de placer y excitación mayor al que jamás hubiese conocido en su vida.

En medio de esta oleada de sensaciones, y casi a punto de alcanzar la cúspide, sintió como algo se enterraba dolorosamente en su garganta, un liquido abundante y tibio bajaba por su cuello hacía su pecho, no podía evitar sentirse débil, que algo la abandonaba, y por primera vez en mucho tiempo, sintió miedo.

Recordó como el hombre beso su cuello y le ofreció una nueva oportunidad para vivir y disfrutar de los placeres del mundo, solo tenia que beber de el; sentía Giséle como la vida se escapaba de su ser, no deseaba morir, no así, no ahí.

Sin pensarlo dos veces, se aferró desesperadamente al cuello de aquel hombre aceptando su ofrecimiento, sintiendo como su tibia sangre resbalaba por su garganta, bebió y bebió hasta que el no puedo soportarlo más, y la empujo, mientras ella se encontraba mareada, debatiéndose entre el sopor y el dolor, sumergiéndose en la inconciencia.

Sacudió su cabeza para alejar los recuerdos del pasado,bajó las escaleras y se dirigió al salón atestado de gente que la recibió con un caluroso aplauso y un gran “Joyeux Anniversaire Giséle!”. Recordó, mientras saludaba a la gente, bailaba y reía; mientras buscaba a su “cena “ como; en una noche cómo esta, hacía casi 80 años, despertó a la luz de la luna, sola y con un “maravilloso” regalo; regalo de el hombre al que desearía volver a ver…..

Publicado por Anónimo en 23:05    

Etiquetas: Giséle. du. Gauthier

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